Ramon Senserrich
Siempre recordaré esa noche de septiembre de 2012 que, por primera vez, pude observar cómo mi mente se rendía y reconocía que no sabía cómo sacarme del profundo estado de descalabro emocional en el que llevaba casi dos meses. Entonces, me vi mirando las estrellas y pidiendo al universo que me ayudara a sanar. ¡Una estrella fugaz cruzó el cielo en ese momento!
Aquel día comprendí que la vida es un espejo de lo que creamos tanto consciente como inconscientemente, y dejé de exigirle cómo debía ser para empezar a descubrirme en su reflejo. Además, entendí que ser honesto con mis sentimientos y emociones es clave para conocer mi verdad sobre lo que me está pasando y evolucionar en el proceso de ser humano.
Gracias a esto, con el tiempo me reconecté con mis sentimientos y aprendí a ser consecuente con ellos. Más tarde, intuí mi vocación de sanador que me permitió descubrir mi propósito vital. Para, finalmente, ir disminuyendo mi actividad como empresario e Ingeniero Industrial y ejercer en la actualidad de terapeuta y coach holístico.
Como terapeuta y coach holístico y transpersonal, mi capacidad para acompañarte en la resolución y transcendencia de tus bloqueos vitales, creencias limitantes, patrones familiares, relaciones adictivas y emociones obsesivas, etc. depende en gran medida de mi propia superación en estas áreas. Si no he resuelto estas cuestiones en mí, mi ego podría interferir y distorsionar la comprensión de tu situación. Por ello, considero que no existe mejor carta de presentación que la que escribí a mi ego en marzo de 2021:
Para empezar, tengo que reconocer que a veces me desesperas. Pues eres escurridizo y camaleónico, ya que, aun cuando he disuelto y trascendido mucho de lo que conocía de ti en mayor o menor grado, tú sigues aquí.
He visto y disuelto muchos de mis juicios y prejuicios que no observaba tener. He mirado a los ojos mi motivación oculta de buscar ser reconocido por autoridades externas a mí mismo. Acepté y trabajé mi dificultad para hacerme cargo de mis necesidades por miedo al conflicto, y que con actitudes serviles esperaba que otros se hicieran cargo de ellas por mí. Entendí que estar pendiente y cuidar de los demás era, muchas veces, una forma de no comprometerme conmigo mismo. Lloré al darme cuenta de que la relación con mi hermano se había basado en compararme con él, y que esto nos llevaba a mostrarnos el uno al otro nuestras debilidades hasta hacernos daño. Fue doloroso ver cómo he castigado a los que más he querido cuando no he recibido lo que quería, o creía tener derecho, bien sea alejándolos o ignorándolos para hacer sentir mal de formas sutiles y manipuladoras.
También, he reconocido y estoy trabajando mi miedo a ser visto y a dejar de ser amado. Por otro lado, estoy integrando mi sensibilidad desde una consciencia en que se vuelve una herramienta para mí y para los demás. Han sido años de compromiso conmigo mismo trabajándome en talleres, formaciones, sesiones, etc., para vivir siendo más mi esencia. ¡Pero tú también te vas transformando cada vez en formas nuevas y más sutiles!
Entiéndeme, no quiero decir que no agradezca tu función, sino que me asombra, y hasta me abruma, tu capacidad para reinventarte y volver a encontrar fisuras por donde volver a tomar el control. Es ese no saber por dónde ni cuándo aparecerás lo que me desespera a veces. Aun así, con cariño voy agradeciendo a la vida cuando me vuelve a mostrar dónde me estoy perdiendo. Pues, ya hace tiempo que asumí que siempre hay espacios de mi insconsciente en los que no he indagado con suficiente consciencia y amor. Quizás porque antes no podía o sabía llegar más profundo. Quizás porque no lo veía como una sombra a ser yo mismo en ese momento. O, quizás porque aún no había estado en esta vida en una experiencia en la que mostrarte.
Pero, a pesar de todo y la mirada cariñosa hacia ti, no puedo negar que a veces vivo con desesperación cuando la vida me muestra que has vuelto a tomar el control de un espacio de mi ser. A veces lo siento como un miedo paralizador a hacer el paso que mi corazón anhela. A veces es la ansiedad que me muestra que me he desconectado de mí otra vez. En otras ocasiones son las dudas o el desaliento a seguir por el camino de mi corazón. Otras veces es la frustración al darme cuenta de que me he vuelto a sabotear a mí mismo. Y hasta en algunas ocasiones, es el miedo a que no sea verdad el nuevo paradigma hacia el que avanza la humanidad.
Sea como sea, con los años he ido asumiendo que eres un compañero de viaje necesario para mostrarme cuando no hay suficiente amor en algún aspecto de mi vida. De hecho, en los últimos meses empiezo a agradecer profundamente tu función. Pues ya no solo sé, sino que siento, que eres el resultado de mis experiencias del pasado y las de mis ancestros. Por eso siento que te he aceptado porque sé que siempre lo hicimos, y lo hicieron, lo mejor que pudimos o sabíamos en esos momentos. Y como he elegido ser parte de la solución, sé que no se puede ser luz sin trascender las sombras en mí mismo, tú me vas mostrando todo lo que mi consciencia puede observar que ya no me define, y que estoy preparado para aceptar, honrar, agradecer, integrar y transcender. ¡Gracias!
